Hoy leía un artículo invitando a dejar los buques seguros y volvernos a subir a la barca, y hablaba de navegar en la barca y de echar las redes. Y me gustó esa imagen de echar las redes como salir al encuentro de otros, involucrarse con los dolores, historias, anhelos de otros. Echar las redes no es echar el ancla para quedarse en un lugar. Echar las redes implica estar navegando, implica estar en búsqueda. Echar las redes involucra a otros que echan las redes conmigo. Echar las redes es también dejarse sorprender por lo que podemos recoger.Pienso que este tiempo de viaje tiene mucho de echar las redes. No es necesario aclarar que nos estaremos moviendo, “navegando”. Pero no es un navegar donde nos preocupemos sólo por el barco y por el clima. Es un navegar echando redes. Es andar involucrándonos con la realidad que nos vamos encontrando. Es salir al encuentro, hacernos parte de otras vidas, otras historias. Es escuchar a Jesús que nos dice “echen las redes en aguas más profundas”. Y es animarse a ir mar adentro, allí donde hay dolor, donde hay hambre, donde hay vidas que no cuentan para nuestras sociedades, y allí donde hay sueños, donde hay signos de otro mundo posible, allí donde está Dios.
Hoy mi vida tiene mucho de buque seguro, al que apenas le caen algunas gotas del mar. ¡Cuánto deseo cambiarlo por esa barca! Y cuánto cuesta no cargar a escondidas algún ancla. Pero pesa mucho y confío que esta vez no vendrá en mi mochila.