domingo, 4 de abril de 2010

Semana Santa en Neuquen


El jueves nos despedimos de Wilson y el pueblito de Lavalle y partimos hacia nuestro segundo destino. Ahora nos esperaba nuestra nueva casa en Neuquen. Atras quedaron los dias de quietud y tranquilildad, de largas charlas en la madrugada y mañanas cortas del trasnoche. La semana y media que estuvimos nos parecio muy corto, justo cuando decidimos partir nos empezamos a encariñar con la gente y el lugar. Y tambien Wilson, con su busqueda de seguir a San Francisco en otro lugar, lo volvio a atrapar ese pueblito que parece tierra de nadie pero que esconde riquezas de personas muy queribles y con testimonios de lucha que nos contagiaron en nuestra busqueda propia.


Y asi llegamos a la zona del "Alto Valle", despues de interminables horas de viaje cruzamos casi al otro lado del continente, donde el clima es casi desertico, los dias calurosos y las noches muy frias, empezamos a sacar la ropa de abrigo y los pañuelos. Aca nos recibieron las hnas teresianas Ana (de BsAs), Guadalupe (de Sta Fe) y Gloria (de Mexico), con los brazos bien abiertos, nos alojaron en una pequeña capilla del asentamiento (o toma como le dicen aca) La Estrella, con la gratuidad de no pedirnos nada y darnos todo. De a poco nos vamos sintiendo como en casa a pesar de q las realidades son bastante diferentes, el clima nos cuesta un poco pero la gente, que conoce en profundidad la realidad del migrante, nos recibe como hermanos.


La ciudad es joven, los asentamientos se reproducen dia a dia y todo esta como en plena construccion. Las ofertas de buen laburo y los descubrimientos de petroleo y gas recientes, hacen que muchos chilenos y argentinos de las zonas del norte lleguen todos los dias. Y, a diferencia de otras parroquias que conocemos, la iglesia esta inserta en estas realidades, viviendo entre ellos, compartiendo sus luchas cotidianas lo cual hace mas vivo el Evangelio. De a poco iremos contando nuestras experiencias junto a ellos, tenemos mucho que aprender y compartir. Aqui el desafio esta mas en la realidad del barrio que en la estructura parroquial. Ah y Felices Pascuas para todos!

miércoles, 24 de marzo de 2010

Primer destino: General Lavalle (Argentina)


El lunes 22 de marzo, a las 6.15 hs salimos de Montevideo. Vía Colonia llegamos a Buenos Aires, en donde esperamos unas horas para tomar el bus a San Clemente. Allí nos esperaba Wilson con quien llegamos a su casa de la parroquia en General Lavalle ya en horas de la tarde. Una larga travesía.


General Lavalle es una localidad pequeña al sur de la provincia de Buenos Aires, de pocos habitantes, de mucha tierra y también de mucho silencio. Tiene aspecto, por un lado, de pueblo pequeño de nuestro país. Pero, a la vez, tiene aspecto de balneario del este, con lindas casonas, lindos jardines. Es una mezcla peculiar, de esta localidad construida frente a la "ría", con un pequeño puerto. Muchos trabajan de la pesca de corvina, otros en tareas rurales. Ayer dimos un primer paseo por el lugar. Durante la caminata fueron pocas las personas con las que nos cruzamos. La tranquilidad y el silencio es impresionante. Ni en la plaza que está frente a la parroquia hay gente reunida. Hoy, feriado nacional por ser aniversario del último golpe de Estado, parece haber más gente por las calles, en la plaza. Los días son preciosos.

Lugares como estos me obligan a aprender del silencio, de la tranquilidad. Para mí es un desafío, acostumbrada al ruido, al movimiento, hasta a hablar a veces más que escuchar. Es una invitación a descubrir un nuevo lugar desde otros sentidos, otras perspectivas. Y escuchar en el silencio, más que en otros ruidos, a ese Dios que va con nosotros, acompañandonos, guíandonos. El viaje recién comienza, este tiempo en este lugar nos permite ir entrando de a poco en otros ritmos.

viernes, 19 de marzo de 2010

La partida

Al fin llegó el momento de la partida. Momento de nervios y trámites de último momento, de infinidad de consejos, de abrazos y despedidas y de cumplir los sueños. Parecía tan lejos este día hace apenas unos meses, pero el tiempo nos empuja cada vez más rápido y hasta lo que parecía seguro ahora ya no lo es tanto. Y es que a pesar de nuestros esfuerzos de confirmarlo todo, de arreglar muchos detalles, los caminos de Dios tienen vida propia y no abandonan su libertad, así nos impiden amarrarnos a las seguridades, mejor así.

Somos muchos los que volamos, y serán muchos los que nos darán abrigo. Algunos con más requisitos de entrada que otros, los hay de los que miran la rendija antes de abrir la puerta, y también los que abren de golpe y sin mediar palabra dicen: "pasen adelante, los estábamos esperando" y así nos sorprenden. Así de sorprendente imagino el amor de Dios, tan sorprendente como que nos haya regalado este viaje, el nos entrega todo antes que ni siquiera lo planeemos, nos recibe aunque tengamos la mochila cargada de cosas pesadas que nosotros mismos nos imponemos. A veces como excusa para no seguirlo, otras veces para atarnos a algo, cualquier cosa que pensemos tiene algún sentido y finalmente se convierte en un techo que impide alcanzar la felicidad plena.

Por momentos se hace difícil la partida, intuyo que más para los que quedan, quizás muchos con el mismo sueño pero sin atreverse a largarse o quizás tenían pensados para nosotros proyectos diferentes y ahora los estamos cambiando radicalmente. Ahora pienso cuan difícil se nos hace colocar la felicidad del otro por encima de la nuestra propia, y cuanto más cercana esa persona más difícil, ¿pero no es la misma felicidad?

El camino por el Sur comienza este lunes, Wilson nos espera al otro lado del charco y ya de lejos vemos su puerta abierta de par en par. La luz nos invita a pasar. Somos dos pero llevamos la historia de muchos más. Esperemos que tenga espacio para tantos y tantas.

jueves, 31 de diciembre de 2009

El último día o el primero



Hoy es mi último día de trabajo en esta empresa que me ha acompañado, que me ha y nos hemos visto crecer durante estos últimos 6 años. Y ahora cuando miro la sala vacía, antes de la última despedida, recuerdo tantos gratos momentos vividos y tantos otros difíciles de los que mucho aprendí. Es cuando miro toda esa cantidad de experiencias vividas cuando me doy cuenta que seguro no hubiese llegado a esta decisión si no fuera por el camino recorrido antes.

Leía recién una frase que dice algo así como "no es que la vida sea corta, es que demoramos mucho en comenzarla a vivir". Y capaz que en un primer instante me la creo, capaz que mis ansias de camino hacen creer que mi vida empieza a ser vivida ahora, cuando me preparo para el viaje más importante, cuando me desato de tantas seguridades que me tenían preso y prohibian sacar los ojos fuera del agua. Pero en realidad el viaje empezó hace rato, cada palabra de cada persona que me ha acompañado, cada instancia de discusión o definición en el trabajo. La verdad me cuesta dejarlo, pero más que por el hecho de la sustentabilidad del empleo, es porque atrás dejo a una especie de familia. Fueron varios años de linda convivencia y de compartir la mayor parte del día juntos.

Me voy y, más que jefes, mis amigos me despiden con una carta que me piden no lea hasta llegar a casa. Y ahora la leo y hago fuerza para no lagrimear. Me dicen que en este momento deberían estar tristes porque me voy, pero al contrario, piensan que lo que yo creo mejor para mi es lo mejor para ellos. La felicidad compartida se multiplica mucho más, que fuerte poder sentirlo y que feliz me siento por haber encontrado personas así en mi camino. Que bien me hace entender que no fueron estos años perdidos, sino que fueron y son parte de todo los detalles que me preparan para lo que soy, para lo que voy a ser.

La preparación sigue porque "la felicidad no está en el destino, sino en el viaje de camino". Ojalá me ayude esto a estar más atento a los encuentros personales y no tanto a los lejanos paisajes de un viaje turístico.

Erik

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Sigo en ella... aunque duela

Entre correos del grupo de Amerindia surgió una preocupación por algunos pronunciamientos y actitudes de la Iglesia Católica de estos últimos tiempos e incluso una sensación de que estamos retrocediendo o estamos caminando mal. Alguien decía: "Parecería que nuestra Iglesia sigue sin imaginar realmente cómo evangelizar sin que sea desde el poder, algún tipo de poder, aunque sea autoafirmado y no reconocido". Sumé mi sentir al debate, que acá comparto.

La presencia "oficial" de la Iglesia, sus pronunciamientos, sus "condenas", el cómo se para frente a la realidad y la gente, eso muchas veces me duele. Me duele que se sienta dueña de la verdad, me duele su impunidad, me duele su autoritarimo, me duele su falta de compasión, me duele su falta de amor. Y me duele porque sé con certeza que su mensaje podría ser otro, su manera de relacionarse con otras instituciones de la sociedad, su vínculo con la gente, podría ser realmente evangélico. Pero se elije permanecer como una roca impenetrable, que nadie la toque, nadie la altere. Siento pena por esos hombres del "oficialismo" que ponen sus seguridades en la estructura institucional, en los dogmas, en las reglas claras y sin ambigüedades. Siento pena porque me da la sensación de que su fe se ha debilitado, porque ya no es Jesús y el Reino en lo que se sostienen, sino en una estructura vieja, dura y fría.¡Qué soledad!

Al mismo tiempo sé que el Espíritu sigue actuando... y sigue habiendo evangelización de esa que no es desde el poder, esa que es desde el encuentro, que no busca sacar nada en limpio, sino que es encuentro en el que Jesús está presente. La Iglesia genera rechazo, pero Jesús no, su propuesta no. Me he encontrado con gente que no tiene fe, que de repente escuchan algo de que uno es cristiano, y te ven hacer, ven como vivís, como pensás, qué buscás... y eso despierta algo. Uno no dice nada, simplemente es, y lo que es justamente está empapado de ese seguir a Jesús. Días atrás una compañera de un curso (ella atea sin ninguna formación religiosa) me compartía cómo le había impactado un chico que había subido a pedir al ómnibus. Conversando sobre eso le compartí algo de la actividad que hago con otra gente los sábados de noche, de repartir comida a gente que está en la calle. Se colgó con la actividad y el otro sábado nos acompañó. En el grupo somos un cura y jóvenes todos creyentes. Y ella ahí quedó movilizada no sólo por lo que hacíamos, sino por cómo lo vivíamos, el espíritu con que encarábamos la cosa. Yo creo que en estas cosas hay evangelización. Quizás es sólo una charla, una actividad, una instancia puntual. Pero hay encuentros que siembran una semilla en las personas y seguro que el Espíritu sabe luego qué hacer con eso.

Entonces, volviendo a lo del comienzo, me duele pero siento que lo que vale la pena sigue ahí. Muchas veces puteo contra la Iglesia, pero nada me hace dudar de que quiero estar en ella. No será muy racional, pero tampoco creo que sea esquizofrenia jeje.

Disculpen, pero no voy a caer en el pesimismo, ¡ando alegre con la vida!