lunes, 7 de febrero de 2011

Cumpleaños



Dicen que celebrar un cumpleaños es celebrar la vida. Creemos que es así. Más cuando esa vida viene cargada de un año movidito, lleno de lugares y experiencias nuevas y, sobre todo, lleno de encuentros. Y más, quizás, porque se trata de celebrar un número redondo, aunque eso no diga nada pero a la vez diga mucho.




El 27 y 29 de enero, Erik y Male respectivamente, cumplimos 30 años. Ambos, Erik y Male, durante el 2010 emprendimos un vuelo por varios rincones de nuestra patria grande dejando un poco de nuestra vida y empapándonos de muchas otras vidas. Pucha entonces si no habrá motivos para celebrar. Y como celebrar implica celebrarlo con otros, así lo hicimos, un poco a la manera en la que vivimos el viaje, en la sencillez, disfrutando los pequeños encuentros, en contacto con el lugar y su naturaleza. 


También festejamos junto a otro amigo, Fernando alias Salchicha, que cumplió 40. Son cambios de época, momentos de crisis dicen por ahi, que nuestras crisis más que preocuparnos por la edad, nos enseñen a librarnos de todo lo que no es esencial para sencillamente encontrarnos con los demás.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Historias de lucha - Jorgelina


Durante el viaje conocimos muchas personas increíbles que nos contaron sus historias, muchas de ellas historias muy duras, llenas de luchas y sufrimientos, historias que quizás no tienen un final feliz. En estos días he estado re-leyendo el diario del viaje y re-descubriendo esas historias que no quiero guardarme solo para mí y por eso voy a compartirlas. No se cuantas van a ser pero estoy seguro de que cada una de ellas vale la pena.

La primera de estas historias es la de Jorgelina, una mujer de Neuquén que conocí durante una reunión de un grupo de mujeres, que se juntaron para solicitar un micro-crédito. A esas reuniones acompañaba a Gloria, una de las teresianas que nos alojaron en Neuquén, y cualquiera de las historias que contaban esas mujeres dolía fuerte. Yo pensaba que si fuera mi responsabilidad otorgar los créditos, seguramente "El Banquito" saldría perdiendo porque me desarmaban en un segundo.

Jorgelina, una mujer mucho más joven de lo que aparentaba, vivió mucho tiempo en un lugar cerca de Junín. Nunca conoció a su familia verdadera, solo sabe que cuando era apenas bebé fue abandonada en la cordillera, en el medio del campo donde no había ni pan para comer. Donde el calzado era de cuero de caballo y las medias eran trapos. Donde para hacer "el surtido" del mes (que era leche, harina, aceite y azúcar), tenían que andar 1 semana a caballo y otra para volver.

Contaba que de muy chica la obligaban a trabajar cuidando cabras, que siempre la aterrorizaron por que eran mucho más altas que ella, y encima soportando el frío y la nieve que la tapaba por completo. Ella recuerda sus 9 años de infancia ahí, como si fuera ayer. A pesar de haber pasado tantos años, se nota en su mirada que el recuerdo le provoca una gran tristeza y pide para que la ayuda vaya al campo antes que a la ciudad. Increíble, pienso yo, a pesar de tener tan poco se acuerda de los que tienen aun menos, no puedo dejar de admirarla. Y mientras nos abre sus heridas, ella se emociona y yo apenas evito que salten las lágrimas.

Recién a los 33 años Jorgelina conoció a su mamá biológica, aquella que la abandonó en tan malas condiciones. Al parecer la policía fue a buscarla porque habían detenido a su mamá en la comisaria de Centenario. Y enseguida ella se la llevó a su casa, la bañó, la llevó al médico y le dijo: "Dame tiempo para quererte, porque yo te cuido pero no tengo amor de madre para ti aun". 

La historia no termina del todo feliz, porque su madre a los pocos días se fue de la casa, abandonándola una vez más y Jorgelina nunca supo bien por qué. En el fondo su herida no cerró pero su amor por ella a pesar de todo creció. Para mi ella es una mujer santa, con un inmenso don para perdonar y fue de los momentos más intensos donde sentí que Jesús me hablaba.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Eso que SOY

Se va terminando el año y yo (re) comienzo a escribir. El aterrizaje, que en los primeros días me costó mucho y que aun sigue siendo, me bloqueó las palabras, me quitó el entusiasmo de dejar por escrito sentires y pesares. Pero la Navidad me renovó, me volvió a anunciar una buena noticia y me llenó de ganas de seguir caminando, de seguir compartiendo y de seguir soñando.

Aun no sé cuáles serán los caminos por los que transitaré el año próximo. No sé en qué trabajaré, qué lugares frecuentaré, qué personas encontraré. Puedo insinuar algunas cosas, pero de otras no tengo la más mínima idea. De algún modo, salvando las diferencias, el comienzo del 2011 se asemeja al del 2010, año en el que comenzaba una peregrinación que no sabía por donde me llevaría. Y es lo vivido en este año lo que me hace pararme de un modo distinto en el comienzo del próximo.

Me siento igual pero me siento distinta. Dicho de mejor modo, me siento más lo que SOY. Eso, creo que voy siendo más yo. Si algo tuvo de aprendizaje este viaje fue de mí misma, conocerme, descubrirme, destaparme. Como diría Nacho, dejar que ese manantial profundo aflore. Entonces, redescubro mis potenciales y busco como ponerlas al servicio de otros, asumo mis debilidades y en ellas Dios me da fuerza.

Los primeros días lloré mucho, estaba muy asustada. Tenía miedo de que lo vivido quedara tan solo en el recuerdo, que no pudiera reconocer el llamado de Jesús y por tanto no poder seguirlo de la mejor manera. Hoy me siento más tranquila. Cuando miro atrás y tomo conciencia de lo que hice; cuando releo lo compartido a través de este blog... ahí veo que ya hay señales, que hay algunas certezas (de cosas que quiero y cosas que no quiero), que hay pistas de por donde caminar el tiempo que viene. El espacio comunitario, el estar disponible, el vivir entre los pobres, el desprenderse de las ataduras materiales, valorar los tiempos de encuentro... todo eso quiero que viva en mi vida.

Como decía Erik, de todo eso estuvo plagado este viaje. Nuestra casa en la toma en Neuquén, charlas con mate dulce ahí y en alguna casa vecina, las oraciones con las hermanas... Charlas y caminatas con Wilson, Edgardo, con los pobladores de El Caín, con los jóvenes de Concepción, con amigos en Santiago... Celebraciones en las que se pone la vida como la de Peñalolel y aquellas más íntimas como las de Río Branco... Conocer experiencias comunitarias en Pudahuel y en El Callao... La gratuidad con la que nos recibieron y abrieron las puertas y el corazón... El trabajo y compromiso de tantos en medio de la pobreza y el dolor... Y esto como muestra, porque hay mucho más para decir.

Me alegro cuando veo que en estos días ya hay cosas de éstas que van viviendo en mí. Cuando dejo de darle valor a algunas cosas y le doy valor a otras, cuando disfruto con una caminata solitaria, cuando saboreo los momentos de encuentro, cuando río a carcajadas por el sólo hecho de reír, cuando le huyo a los grandes lujos y me quedo en la sencillez... cuando algo de esto pasa sé que el viaje se hace carne en mi vida.

El año que se va ha sido un año maravilloso para mí. Soy feliz por haberme animado a recorrerlo, feliz por haberme desprendido de algunas cosas para llenarme de otras que me hacen ser más yo, feliz por lo vivido, lo aprendido, lo crecido. Seguirá siendo constante ese ejercicio de desprendimiento para ser cada día un poco más eso que SOY.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Video del viaje

Amigos y amigas, de distintos rincones de nuestra América, con los que compartimos mates, charlas, trabajos, sueños,

Hace dos semanas regresamos a nuestro país, nuestra ciudad, nuestras casas, nuestras familias. Lo hicimos después de ocho meses y medio en los que anduvimos como peregrinos, yendo de aquí para allá, descubriendo lugares, rostros. 261 días en los que el encuentro fue la experiencia más fuerte que vivimos. El encuentro con cada uno de ustedes, el encuentro con muchos otros a través de ustedes, el encuentro con tantos que no tienen voz... y el encuentro con Dios en medio de todo eso, en medio de la pobreza, del dolor, de los sueños y esperanzas, de la lucha por seguir adelante, en medio de la vida.

En cada encuentro, en cada lugar en el que estuvimos, reconocimos a ese Dios que puja por nacer, por hacerse camino en cada una de esas realidades. Esa es la Navidad que queremos celebrar con ustedes, la de un Dios que se hace Dios-con-nosotros. Así lo experimentamos en este peregrinaje, donde la acogida, la escucha, el acompañamiento, la celebración, la solidaridad, lo comunitario, fueron constantes, señales de ese "otro mundo posible", signos de esa Buena Nueva anunciada por Jesús.

Damos gracias a Dios por lo que vivimos, por habernos llamado a seguirlo en estos caminos, por el llamado que nos sigue haciendo y al que esperamos ir respondiendo poco a poco. Damos gracias a todos y cada uno de ustedes por habernos abierto las puertas y el corazón para que este caminar haya sido lo que fue. No alcanzan las palabras ni los gestos para decirles lo agradecidos que estamos. Como signo les enviamos un video que recoge, en imágenes, algo de lo que fue y significó este viaje:


Caminando al Sur - Parte 1


Caminando al Sur - Parte 2


Caminando al Sur - Parte 3



Compartánlo con las comunidades y amigos, muchos de los cuales no tenemos correo electrónico pero a los que recordamos y agradecemos tanto como ustedes.
Muchas gracias y feliz Navidad!

Male y Erik

sábado, 11 de diciembre de 2010

El tiempo del reloj

En estos días un poco difíciles por el "aterrizaje" del viaje he estado pensando en las cosas que más me cuesta volver a adaptarme, muchas a las que no quiero volver pero sin embargo son parte de la sociedad y muy difíciles de borrar. Y mientras pensaba en esto, leia en el libro que me prestó Male, un capítulo dedicado a la paciencia y al tiempo del reloj:


"El tiempo del reloj es un tiempo exterior, un tiempo que tiene una objetividad dura e inmisericorde. El tiempo del reloj nos lleva a pensar en cuánto más nos queda para vivir y si la "vida verdadera" no ha pasado ya para nosotros. El tiempo del reloj sigue diciendo: "¡Apresúrate, apresúrate, el tiempo vuela, quizás te pierdas lo que importa!. Apresúrate a casarte, a encontrar un empleo, a visitar un país, a leer un libro, a obtener un título... Intenta engullir todo antes de que el tiempo se acabe para ti." El tiempo del reloj siempre nos hace partir...


Pero, afortunadamente, para la mayoría de nosotros ha habido también en nuestras vidas otros momentos distintos en los que ha prevalecido la experiencia de la paciencia. Se trata de una experiencia del momento que nos hace desear quedar allí y vivir el momento en plenitud. De algún modo, nos damos cuenta de que en ese momento se contiene todo: e principio, el medio y el fin; el pasado, el presente y el futuro; el dolor y el gozo; la búsqueda y el encuentro.


...Tales momentos no son necesariamente felices y alegres. Pueden estar llenos de tristeza y dolor, o marcados por la agonia y la lucha. Lo que cuenta en ellos es la experiencia de plenitud, importancia íntima y maduración. Lo que cuenta es la conciencia de que en ese momento hemos sido tocados por la vida verdadera. De tales momentos no queremos irnos; al contrario, queremos vivirlos en plenitud."



Recuerdo varios de estos momentos, de ambos,  los momentos de impaciencia donde me urgía partir de un lugar a otro, donde estaba más preocupado por visitar muchos lugares que por disfrutar de cada uno. Pero sobre todo este viaje estuvo lleno de momentos plenos, momentos donde el reloj no tenía la más mínima importancia sino que lo que importaba era la experiencia del encuentro.




Estan muy presentes en mí las charlas nocturnas con Wilson o Edgardo, la oración compartida en la comunidad de Neuquén, el cariño de los niños en casi todos los lugares, el fogón en Talcahuano, la soledad del desierto y de la ciudad, la hospitalidad de tantos, la calidez de hogar en las familias, las despedidas, el sufrimiento de muchos, las celebraciones y por supuesto los silencios, las palabras, las sonrisas y las lágrimas que con Male compartíamos a cada paso del viaje.

Ninguno de esos momentos se rigió nunca por el tiempo del reloj, sino por un tiempo profundamente humano. En este viaje descubrimos otro reloj, el del tiempo interior, el del tiempo de Dios.